«La magia está en el niño»

 

slider_img5

 

       El cerebro humano, al nacer, se encuentra inacabado. Si bien en el nacimiento ya está dotado de millones de neuronas, las conexiones que se realicen entre ellas en los primeros años de vida asentarán las bases de la personalidad y de todos los aprendizajes futuros. Esta mente humana está formada por distintas estructuras, algunas muy primitivas y otras increíblemente sofisticadas, y su maduración sigue unas fases de desarrollo que es necesario respetar y cubrir a fin de que la arquitectura cerebral sea lo suficientemente buena como para permitir al niño desplegar todo su potencial emocional y cognitivo, tanto en la primera infancia como en los años escolares.

       Investigaciones afirman que el cerebro evoluciona de manera sorprendente en los primeros años de vida y es el momento en el que hace más eficaz el aprendizaje, esto porque el cerebro tiene mayor plasticidad, es decir que se establecen conexiones entre neuronas con mayor facilidad y eficacia, esto proceso se presenta aproximadamente hasta los seis años de edad, a partir de entonces, algunos circuitos neuronales se atrofian y otros se regeneran, por ello el objetivo de la estimulación temprana es conseguir el mayor número de conexiones neuronales haciendo que éstos circuitos se regenere y sigan funcionando.

    La estimulación  temprana esta orientada a aprovechar la capacidad  de adaptabilidad y aprendizaje del cerebro humano. Este órgano, como todos los demás del cuerpo, necesita ejercitarse para su correcto desarrollo. El desarrollo cerebral comienza poco después de la concepción y continúa durante el periodo prenatal, cuando se producen las neuronas y su interconexión. El máximo desarrollo neuronal ocurre desde el nacimiento hasta los tres años de edad; luego decrece y prácticamente se extingue a los seis años. Es una técnica que aprovecha esta plasticidad del cerebro para ayudar al niño a potenciar de manera integral todas sus capacidades: motoras, psíquicas, intelectuales, sociales y sensoriales.

      Los bebés reciben información de diversos estímulos a través de los sentidos, lo hacen día y noche; si estos estímulos son escasos o de pobre calidad, el cerebro tardará en desarrollar sus capacidades o lo hará de manera inadecuada, por el contrario al recibir una estimulación oportuna el infante podrá adquirir niveles cerebrales superiores y lograr un óptimo desarrollo intelectual. Así por ejemplo, al escuchar la voz de su madre, percibir el olor del biberón o recibir una caricia: se produce una catarata eléctrica que recorre su cerebro, para despertar conexiones neuronales aún dormidas.

Escribe lo que deseas buscar y presiona Enter